El contexto
Una convención anual: plenarias, talleres, gymkanas y fiesta nocturna. El equipo de comunicación tiene que sacar de ahí un aftermovie y publicaciones para LinkedIn, pero el presupuesto solo cubre un fotógrafo para la primera media jornada.
El problema
Las mejores imágenes de una convención nunca están en la plenaria: están en los talleres, las pausas para el café, el karaoke de última hora. Momentos que los asistentes capturan... y guardan en sus teléfonos. La carpeta compartida creada el año anterior se había quedado vacía.
La solución
Un código QR proyectado en la diapositiva de apertura, recordado en las mesas de la noche: «Vuestras fotos y vídeos de los dos días, aquí». Los asistentes envían desde su navegador, sin que el departamento de TI tenga que desplegar nada, y el equipo de comunicación modera sobre la marcha desde su espacio.
El resultado
Cientos de fotos y decenas de vídeos auténticos, en calidad original, ordenados por asistente. El aftermovie se monta la semana siguiente, el banco de imágenes alimenta la comunicación interna todo el año, y el dispositivo se renueva de forma automática.